"Con una manzana,yo quiero
sorprender a Paris",habia dicho Paul Cezanne."Con un
mango,yo quiero sorprender a Santo Domingo",podria decir el
joven pintor dominicano,Enriquillo Rodriguez Amiama. Del mismo modo
que el gran maestro post-impresionista frances,el ha elegido una
fruta,un signo y simbolo,evocador de su tierra,su clima,su
naturaleza. Solitario,mas a menudo en pareja,excepcionalmente en
trio, el mango impone su seduccion,sorprendiendo realmente,dentro y
fuera de Santo Domingo,como es el caso de su muestra en la Galeria
de Exposiciones del Banco Interamericano de Desarrollo en
Washington.
Enriquillo,segun le decimos
amistosamente,aparte que es su "nombre de artista",pinta
otros temas y motivos: retratos,paisajes,composiciones real o
imaginarias. No obstante,el mango,una "obsesion pictorica"
de varios anos, le ha permitido sintetizar todos los sujetos.Lo
retrata.Lo lleva a un entorno paisajistico.Lo convierte en eje de
distintas composiciones que alternan la realidad y la
imaginacion.Esa versatilidad no solo impide el caracter
reiterativo,sino que nos pone a la espera...de las sucesivas
aventuras de la fruta,"contemplando" los alrededores e
iluminando el lienzo.
De manera espontanea,personalizamos
el mango...Lo percibimos como si fuera animado.Enriquillo Rodriugez
Amiama, al igual por cierto que otros artistas de su pais,no hace
"naturalezas-muertas"-la "nature-morte"francesa-,y
pocas veces bodegones a la espanola-si pensamos en el humo y la semi
oscuridad de las cocinas antiguas-.Se trata mas bien de la
"still-life",anglosajona,de la vida tranquila y silente,
que sugieren aquellos ovalos pequenos y tiernos. Insistimos en el
aspecto vital,omnipresente, de criaturas de la naturaleza caribena.
Aunque, una sensacion de equilibrio fragil sobre el antepecho de un
balcon o una misteriosa atmosfera de constelacion diurna y luego
nocturna podria,en ciertas telas,quebrar la tranquilidad y anunciar
el drama.
Curveados,suaves,brillantes,lisos,ateciorpelados,
delicados,pluritonales,esos mangos son mucho mas que productos
vegetales, aparte de que significan el resultado de un oficio
extensamente aprendido y practicado. Poseen una sensibilidad
singular, exhalan ternura y provocan una mirada cargada de afecto.
No faltan quienes los ven apetitosos-!por naturaleza!- y
sensuales,y,cuando son dos, insinuan las aproximaciones del amor.
Tienen un caudal metaforico, acorde con la poesia visual de su
interpretacion.
Ahora bien, esas frutas son
frescas,jovenes, lozanas,proyectando hermosura desde su
sencillez.Sencillez, decimos,no humildad, pues lucen triunfantes.
Diriamos algo mas. Encierran una
parte, sino de autorretrato, de autobiografia psicologica y
sentimental. Conociendo al artista, su rectitud, su generosidad, a
su esposa Maribel y el ambiente que juntos han construido, la
connotacion se vuelve casi ineludible. No acostumbramos adornar
nuestros comentarios con sensibleria, simplemente existe aqui una
correspondencia entre el artista y la obra.
Alrededor de los mangos, con pocas
excepciones casi geometricas o minimalistas, intervienen otros
motivos,que pueden llegar a asumir el principal interes optico, y
que demuestran las cualidades profesionales del autor.
Tejidos, cuidadosamente dispuestos y
drapeados, proponen sus ritmos estriados o una consistencia satinada
y -?porque no?- espumosa. Tambien juegan con elementos ignotos,
abstraccionismos liricos,biologicos,relampagueantes, segun la
receptividad del contemplador. Y aparecen, en formatos generalmente
alargados, los paisajes, tanto interiores como exteriores, nacidos
de la vision del taller, de la observacion de lugares aledanos o de
la magia-imagen onirica.
Todo ello, con un insolito
respeto-para un miembro de esa generacion- de la composicion, de la
perspectiva, del tratamiento clasico, con la paleta infaliblemente
luminosa...!si el artista es dominicano!
Los espacios tienen sus limitaciones.
Sin embargo quisieramos sembrar una inquietud, que a menudo vuelve,
al mirar nuestro arte: hay algo de post-modernidad espontanea y
natural en la pintura de Enriquillo Rodriguez Amiama.