"La pintura de Enriquillo
Rodríguez Amiama, uno de los más destacados pintores dominicanos de la
llamada Generación del 80, se debate actualmente entre el intimismo y una
profundización y complejización de los ilusionismos espaciales, que
supone también una amplificación del repertorio de recursos temáticos,
técnicos y expresivos, sin solución de ruptura, sin embargo, con lo que
ha sido su producción artística del último decenio. Se trata pues, de
una evolución, pero no un salto, dentro de los patrones de ese
figurativismo simbolista, tan arraigado en la tierra dominicana, su
cotidianidad, y sus motivos recurrentes.
Rodríguez Amiama ha hecho, desde hace mucho tiempo ya, algo diferente
con un tema reiterado dentro del arte dominicano, donde los motivos
frutales y el bodegón, más allá de los ejercicios de taller y los
trabajos de aficionados, han alimentado la vena del clasicismo de
corte más o menos academicista más que ningún otro renglón, con
ejemplos tan destacables como Mariano Eckert y León Bosch, tanto como un
arte más en la línea de las vanguardias históricas, como ha sido el de
Joseph Gausachs.
El bodegón simbolista, en la senda del bodegón barroco español, pero
en clave neofigurativa, que integra incluso elementos signográficos y
abtraccionistas, es el gran aporte de Rodríguez Amiama al universo
pictórico de nuestro país.
Las recientes integraciones entre bodegón y paisaje, integran al mango,leit
motif de su mundo iconográfico, símbolo del deseo y la
dominicanidad, como una forma amorosa de anhelo, con una serie de planos
sucesivos, que permiten al artista una alternancia de ritmos geométricos
y manchas, de precisiones e imprecisiones estudiadas, y de permutaciones
variadas a partir de un repertorio de recursos formales y cromáticos en
principio simples, pero ricos en posibilidades compositivas.
Con estas y otras imágenes el artista nos recuerda lo que ya
sabíamos,
pero volvemos a confirmar, y es que la historia de la pintura dominicana
de los dos últimos decenios estaría incompleta sin la mención de un
artista que resume y fusiona varias tradiciones de nuestra plástica, en
un conjunto rigurosamente personal, integrado, en el que coexisten de
manera ordenada diversos niveles de lenguaje, desde el pictograma a la
mancha abstracta o el ícono figurativo.
La integración, nuevamente de la figura humana, introduce una
ambiguedad iconológica que fuerza la reinterpretación del conjunto de
las imágenes, donde la imagen femenina se multiplica como sujeto deseado
y deseante, que a su vez potencia una apreciación cuasi animista del
elemento frutal, emblema, como en los Vanitas del barroco, de lo atrayente
y lo mortal, tal que nos recuerda el famoso poema de Requiem a la pintora
Paula Modershon Becker del poeta Rainer María Rilke.
Esta hermosa exposición en Panamá de Rodríguez Amiama, en Mateo
Sariel Galería, es a la vez un resumen de las búsquedas y los hallazgos
del artista en los últimos años, y un vislumbre de los que parecen
prefigurarse como sus próximas líneas de investigación."