" Rodríguez
Amiama, tal como se presenta en la muestra actual, pese a su
diversidad y heterogeneidad, a lo que se muestra a primera vista
como un desarrollo sincopado,marcado por una sucesión de rupturas
cuya integibilidad no resulta obvia para el espectador, ostenta una
profunda unidad de sentido, que enlaza la versatilidad de las formas
visuales.
Renovador, en clave tropicalista,contemporánea,
incluso postmoderna, de la vertiente simbolista del bodegón barroco,
y desde siempre aficionado a la integración de los niveles y modos
de la escritura, desde el ícono figurativo al pictograma y el
ideograma abstracto, Rodríguez Amiama es creador de una obra a la
que la aproximación más pertinente y fértil nos parece, en todo
caso, la linguística.
Ahora enfocada,claro está, a
la elucidación del sentido de un metalenguaje, esto es de un
lenguaje que "hable del lenguaje", en términos similares
al de las paradojas visuales de Magritte, pero también, en el de la
promiscuidad o variedad de formas, de recursos retóricos y de
estilo, propio de la postmodernidad.
En ese sentido la ambiguedad de los
ilusionismos espaciales, la integración de signos e iconología
figurativa, de estructuras minimalistas y alusiones a la
iconografía del arte rupestre, confluye con alusiones a lo
arqueológico, al contexto social, al pasado y al futuro, que parece
resolverse en una visión calidoscópica, cambiante, y en una
combinatoria de las formas y los estilemas, que no hace sino
revelarnos que además de la relatividad del espacio y el tiempo,
vivimos también la relatividad de los signos linguísticos, y la
única realidad absoluta sería la Conciencia, que contiene todo lo
que existe, como diría el filósofo Berkeley, como "en la
mente de algún Espíritu Eterno".